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Isidoro Marín Garés (Granada, 1863 – 1926)

Patio del Corral del Carbón

Tinta sobre papel, 25,5 x 16 cm  Hacia 1890 – 1900.

Precio 1.200 € (con marco moderno y materiales de conservación de museo)

Además de discípulo en el arte de la pintura, fue continuador del maestro Manuel Gómez-Moreno González en la dirección y en la docencia artística en la Escuela de Arte y Oficios de Granada. Es también interesante destacar que compartirían intereses intelectuales, especialmente por la historia de Granada, su patrimonio, la arqueología. Por todo ello fueron amigos durante la mayor parte de sus vidas.

Durante décadas gozó del mayor reconocimiento en Granada, donde crearía un estilo que tuvo una gran aceptación en su época, menos realista y sobrio que el de su maestro, pero más colorista y luminoso, con una predilección por temas amables de la vida cotidiana y de paisajes urbanos granadinos. Por ello se le considera uno de los artistas clave para el paso de una generación de pintores de la segunda mitad del siglo XIX a los comienzos del siglo XX.

Sus éxitos fueron numerosos y realizó, tanto pinturas al óleo como acuarelas y dibujos a plumilla, arte en el que se distinguió especialmente, siendo uno de los primeros artistas granadinos del siglo XIX que otorgó importancia a la técnica del dibujo a pluma fina. Ilustró libros y revistas y fue uno el primero que mostró obras de calidad realizadas con esta técnica en exposiciones públicas.

La crítica de arte menciona la posible influencia que tuvo el pintor granadino del artista norteamericano Joseph Pennell (1857 – 1926), que visitaría Granada en la década de 1890. El excelente dibujante americano realizó numerosos dibujos con esta técnica, sirviendo algunos de estos como ilustraciones para una edición de Tales of the Alhambra de Washington Irving publicada en 1892. Es más que probable que se conocieran y que existiera una afinidad o influencia mutua entre los dos artistas.

Estos dibujos de Marín están realizados con un estilo realista y conciso. Su realismo, el ambiente lumínico –a pesar del empleo exclusivo de la tinta negra-, los detalles de la arquitectura y los fragmentos de vida de la gente de la época están logrados por medio de una técnica de apariencia ágil y resuelta. En realidad con gran complejidad en su elaboración, de trazo seguro y preciso de línea fina, creando formas por medio de líneas paralelas, más o menos densas para la creación de sombras o de volúmenes. El resultado fue sorprendente en la época, en la que el público sencillamente no había visto dibujos de esta calidad y elaboración.

Su tamaño algo mayor de lo usual en esta técnica, de esmerada elaboración y firmados ambos con su grafía más acabada fueron muy probablemente realizados para mostrarse en alguna exposición o para el amplio mercado que tuvo entre la próspera burguesía granadina del final del siglo XIX, y no concebidos como bocetos para obras mayores.      

Publicado en Dibujo y Acuarela

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