Manuel Ángeles Ortiz y La Alhambra  

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Manuel Ángeles Ortiz y la Alhambra

Según la crítica, la obra de Manuel Ángeles realizada a raíz de su regreso a Granada y que toma distintos aspectos de la ciudad como tema, es uno de los conjuntos más interesantes de su carrera. Surgió tras largos años de ausencia de Granada -más de veinte-, tras haber vivido duras experiencias durante su juventud, como la Guerra Civil, la reclusión en Argelès-sur-Mer y la muerte de su segunda mujer; habiendo vivido en Argentina desde 1939 hasta 1948 y desde entonces en París, donde se establecería definitivamente.

Desde París, gozando el artista de cierta estabilidad, a final de la década de los años cincuenta vuelve a Granada después de todos esos años de ausencia y seguirá volviendo, sobre todo durante los veranos, hasta los años setenta. Para Ortiz es un tiempo de felicidad por los reencuentros con amistades antiguas y también con la ciudad y su paisaje, todo aquello con lo que se forjaron sus primeras impresiones personales como artista, las que compartiría con Lorca, La Serna o Manuel de Falla, que indudablemente marcaron profundamente su vida y su obra.

En estas décadas que continuó viniendo a Granada no cesa esa celebración de su ciudad, dibujando y pintando con afán las series que hoy son famosas: los albaicines, paseos de cipreses, vistas de granada, y misteriosas alhambras. Son obras de una gran belleza que expresan sentimientos muy personales y profundos del artista, ejecutadas con la emoción que le causó el reencuentro con Granada. La riqueza de las series y la insistencia en los temas hacen pensar que durante tantos años, Granada, sus paisajes, sus amistades y sus recuerdos, habían estado latentes en el alma del artista, hasta que finalmente estallan en una espectacular sucesión de grandes obras de tema granadino.

En estas estancias el artista dibujaba y después, en París, ejecutaría pinturas al óleo para las que se valdría de algunos de esos primeros trabajos dibujados in situ. Esta forma de trabajo tenía aparentemente algo de semejanza con la forma de trabajar de los pintores del siglo XIX, pero en realidad Ortiz procede de una forma muy diferente. Los dibujos de Ortiz son trabajos espontáneos que transmiten de forma directa aspectos íntimos y emocionantes como las sensaciones de su reencuentro con Granada, sus apuntes son obras con valores pictóricos o gráficos en sí mismas, pero además de eso son expresiones de su más profundo sentir.

En la exposición hay piezas que han debido de servir para la realización de pinturas pero otras son sencillamente puras manifestaciones de sus sentimientos que precisan del dibujo para reproducir no tanto la realidad sino su visión poética o personal de Granada y de todo lo que para él conllevaba ese entorno. En estos casos podríamos considerarlos experimentaciones con las que el artista busca una expresión más directa y sincera a través del medio gráfico.

Ortiz fue un artista que no cejó en la búsqueda de nuevas formas expresivas y lo hizo por medio de, la abstracción, la simplificación de las formas y su distorsión, la valoración de los colores o de las puras formas como parte fundamental en la composición de sus obras, etc. Ese interés por la experimentación lo llevó a cabo por distintos medios que aportaban, cada uno de manera propia, formas muy distintas de alcanzar sus fines.

En los grabados, un medio tan concreto –a pesar de sus distintas técnicas-, no disminuyen sus posibilidades expresivas sino que ofrecen al artista una oportunidad de lograr una forma de expresión distinta y propia. De la misma manera, con los dibujos, Ortiz logra una manera independiente y nueva de expresar algo distinto. En el caso de sus impresiones granadinas, por una parte tan inspiradoras y por otra tan evocadoras y ricas en recuerdos vitales, serían precisamente los dibujos instrumentos fundamentales para transmitirse.