Teoría de conjuntos  

Álvaro Albaladejo, Pablo Capitán,
Cristina Ramírez y Santiago Torres López

Comisariada por Javier Sánchez Martínez

Teoría de Conjuntos es una propuesta expositiva basada en la realización de una obra a partir de una serie de principios constructivos que tienen como origen su propio espacio expositivo, en este caso una sala de artes situada en una tienda de antigüedades. La exposición tiene como objetivo explorar los posibles encuentros entre obras de arte contemporáneo y antigüedades. A diferencia de las exposiciones que tienen como modelo el gabinete de curiosidades y que, por lo general, sitúan las obras de arte y las antigüedades en el mismo plano a través del marco expositivo produciendo una síntesis estética, Teoría de conjuntos toma como punto de partida, precisamente, la diferencia entre estas dos categorías de objetos. El gabinete de curiosidades es un espacio en el que los objetos se agrupan en colecciones a partir de su valor de extrañeza o maravilla; aunque pertenezcan a ámbitos diferentes, la reunión de las curiosidades en el gabinete es un reflejo del orden natural del mundo. En las propuestas contemporáneas, el gabinete de curiosidades es una forma expositiva autorreferencial, es decir, adopta la forma de la colección al tiempo que lleva a cabo un comentario sobre su propio modelo organizativo; de este modo, las obras de arte y las antigüedades entran en relación a partir de su situación en un determinado contexto institucional: en una sala de arte contemporáneo las obras de arte se perciben como curiosidades y las curiosidades como obras de arte. Este modelo es, ante todo, un sistema estético. La propuesta expositiva de Teoría de conjuntos, sin embargo, no se centra en la exposición y la colección como elementos constructivos, sino que explora las relaciones entre las obras de arte contemporáneo y las antigüedades a partir dos principios: el montaje y el ready-made. Las obras de arte contemporáneo entran en relación con las antigüedades, no tanto a partir del contexto, como al incorporarlas en su propio ser mediante esos dos procedimientos modernos. En otras palabras, en Teoría de conjuntos las relaciones no son externas a los objetos sino que tienen lugar en su interior.

La exposición parte de la idea realizar una serie de obras a partir de dos condiciones o principios: el montaje y el ready-made. Por un lado, las obras de arte incorporan antigüedades que funcionan como ready-mades. Si bien, en este caso, el ready-made no sigue el modelo utilizado por Marcel
Duchamp, pues aunque las antigüedades forman parte de la obra, sin embargo su inclusión no conlleva transformación alguna, ya sea semiótica, formal o crítica. Por el contrario, el ready-made, el objeto encontrado, queda preservado en su singularidad dentro del espacio la obra. De ahí que el principio compositivo complementario del ready-made en esta exposición sea el montaje, esto es, una forma compositiva que se define por la yuxtaposición de elementos de diferentes órdenes en un mismo plano. La particularidad de los montajes de ready-mades en Teoría de conjuntos es que son temporales. La duración de estos montajes entre las obras de arte y las antigüedades está subordinada al tiempo de la exposición. Al final de la exposición las obras y las antigüedades retornan a su individualidad. Las obras se presentan entonces como fragmentos, es decir, quedan incompletas, al tiempo que se presentan como abiertas, es decir, capaces de acoger otros elementos a partir de los mismos procedimientos. Asimismo, los objetos de anticuario se sitúan en un estado límite: no forman parte del todo de la obra, pero tampoco se reducen a una de sus partes.

Por otro lado, las obras de Teoría de Conjuntos no toman como punto de partida las antigüedades, esto es, no hacen referencia a su iconografía, sus materiales o su forma, sino que el encuentro se lleva a cabo de manera puramente espacial, a partir del montaje como procedimiento. La obra de arte contemporáneo se plantea de este modo como una suerte de plataforma, como un elemento que no modifica el objeto, sino que lo alberga, lo muestra y lo preserva en su singularidad. En esta exposición, el objeto de anticuario no entra en el ámbito del arte a partir de su transformación semiótica, como en Marcel Duchamp, ni se convierte en un elemento plástico como en el caso de los ensamblajes de Robert Rauschenberg, pero tampoco es un objeto crítico como en las obras de Haïm Steinbach. El objeto de anticuario mantiene su independencia con respecto a la obra que lo alberga. De este modo, el montaje entre la obra de arte y la antigüedad provoca una desconexión simbólica y formal que, paradójicamente, contradice su proximidad. La obra se abre a una serie de asociaciones oblicuas, como si se hablaran dos lenguas al mismo.

El título de la exposición, Teoría de conjuntos, hace referencia de manera metafórica a la rama de las matemáticas que investiga las diferentes operaciones que tienen lugar entre conjuntos. Esta teoría concibe los conjuntos, colecciones o sumas de objetos, como objetos en sí mismos. Su objeto de estudio son las diferentes operaciones básicas que pueden llevarse a cabo entre ellos: unión, intersección, diferencia, complemento, etcétera. Los montajes entre las obras y las antigüedades que tienen lugar en esta exposición tienen como resultado diferentes operaciones y asociaciones entre los dos conjuntos que entran en relación: las obras de arte y las antigüedades. En esta exposición, la diferencia de modos de ser en el interior mismo de las obras de arte hace que estas se abran a otros tiempos y modos de ser.

Javier Sánchez Martínez

 

Cristina Ramírez

Cristina Ramírez

Santiago Torres

Santiago Torres

Álvaro Albaladejo

Álvaro Albaladejo

Pablo Capitán

Pablo Capitán