Composición
Acuarela y témpera sobre papel, 380 x 290 mm. Firmado, realizada hacia 1945.
Procedencia: Colección Ota Janecek. Seguramente expuesto en: Los españoles republicanos de París, celebrada en Praga en 1946 y comisariada por el propio Janecek.
Ismael de La Serna se formó en Granada, aunque nació en Guadix ya que su padre trabajaba allí circunstancialmente. Se formó junto a artistas como Juan Cristóbal, Manuel Ángeles Ortiz, Hermenegildo Lanz o Federico García Lorca –para quien diseñó la portada de su primer libro Impresiones y Paisajes– entre otros jóvenes granadinos que, unidos por amistad e inquietudes artísticas, conformarían El Rinconcillo, grupo al que también estarían ligados artistas de la talla de Manuel de Falla o Salvador Dalí.
Hacia 1920 La Serna se trasladó a París, la que sería entonces capital del mundo de las artes y allí, en pocos años, se convirtió en un personaje destacado de la escena artística de primer orden en el ámbito de la vanguardia, junto a pintores tan importantes como Picasso o Juan Gris, por citar a algunos de los españoles con quienes además establecería amistad.
La crítica artística más influyente del arte moderno, encauzada en los años veinte a través de la revista Cahiers d’Art con Chritian Zervos y Tériade al frente, elogió a La Serna considerándolo sin duda uno de los grandes artistas del arte moderno, junto a los nombres que hoy en día son fundamentales en la Historia del Arte, no sólo los españoles ya referidos sino también los de Bracque y Matisse, entre otros.
En esa década de los veinte, La Serna expuso en las prestigiosas galerías Zak y Paul Guillaume. En España expondría en el Centro Artístico de Granada y en colectivas de repercusión histórica como la Exposición Regional de Arte Moderno de la Casa de los Tiros en Granada o la de la Sociedad de Artistas Ibéricos. Desde los años treinta lo haría en París, Copenhague, Berlín y en Praga y otras ciudades de Checoslovaquia en los años cuarenta.
En 1933 se casó con la novia de Christian Zervos y desde entonces su presencia en la escena artística fue declinando.
Su pintura de juventud parte de un estilo cercano al modernismo y el simbolismo, aunque llevados a cabo de una forma bastante personal y a menudo con cierto apego a la herencia impresionista. Desde su paso a Francia recibe la fuerte presencia del cubismo y del surrealismo, estilos que también adaptará con una visión personal, que irá desarrollando a lo largo de toda su trayectoria.
Este dibujo de una composición abstracta, aunque con una posible referencia naturalista a una figura femenina, realizado en los cuarenta, pertenece a un periodo en el que el artista ha abandonado el lenguaje propio del cubismo o del surrealismo para centrarse en uno más personal que se acerca a un tipo de abstracción en donde el color y el dinamismo de las líneas cobran protagonismo.